Jesús tiene una especial predilección por los pobres, los pequeños y los descartados. En ellos, Él mismo se hace presente y nos sale al encuentro. “Los pobres ocupan un lugar privilegiado en el corazón de Dios” (Dilexi te, n. 15).
El Corazón de Jesús no permaneció indiferente ante el sufrimiento de los más necesitados, sino que se acercó, los miró con compasión y les ofreció su amor. “El amor de Cristo no es solo un sentimiento, sino una cercanía real y efectiva a los que sufren” (Dilexi te, n. 34).
La devoción al Corazón de Jesús nos impulsa a salir de nosotros mismos y a comprometernos con acciones concretas de caridad, para llevar su amor a los más necesitados. “La contemplación del Corazón de Cristo nos envía a hacer gestos concretos de amor por los pobres” (Dilexi te, n. 62).