¡Oh Sagrado Corazón de Jesús!
Nos hemos reunido aquí para ponerte en el centro de nuestra familia y de nuestro hogar. Queremos que vivas a nuestro lado, que participes de nuestras alegrías y de nuestras penas, de nuestras riquezas y de nuestra pobreza, de nuestros triunfos y de nuestros fracasos. En definitiva, queremos que estés presente en nuestra vida familiar.
Te pedimos que nos ilumines, como padres y como hijos, en nuestras dudas, que nos adviertas en nuestros peligros, que nos ayudes en nuestras tentaciones, que nos alientes en nuestros contratiempos, que nos orientes en nuestras decisiones, y sobre todo, que nos enciendas en un gran amor a Ti y a nuestros hermanos, para servirte siempre con toda fidelidad, y hacer el bien a cuantos nos rodean.
Concédenos Señor, que seamos cada día mejores cristianos, que aprendamos a verte en los demás, que nuestra vida sea un auténtico testimonio de nuestra fe.
Finalmente te pedimos la gracia suprema de una santa muerte que nos reúna contigo en la gloria y con todos los que amamos aquí.
Corazón de Jesús, no somos dignos de que entres en nuestra casa, pero si fuiste a la del centurión, y entraste en la de Zaqueo, y viviste en la de Marta y María, dígnate venir a nuestro hogar con nosotros para siempre.
Nosotros vamos a procurar que en nuestra casa nunca haya nada que te disguste. Amén.
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!
¡Cristo Rey Nuestro, Venga tu Reino!
Yo… (mi nombre) entrego y consagro al Sagrado Corazón de Jesús mi persona y mi vida, mis acciones, trabajos y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de mi ser, sino para amarle, honrarle y glorificarle. Ésta es mi voluntad irrevocable: ser todo Suyo y hacerlo todo por su Amor, renunciando de todo corazón a cuanto pudiera desagradarle.
Te elijo, pues, ¡oh Sagrado Corazón! como mi Amor primero por encima de todo; protector de mi vida, garantía de mi salvación, remedio de mi fragilidad, reparador de todas mis faltas y mi asilo seguro en la hora de la muerte. Corazón lleno de bondad, justifícame ante Dios Padre y desvía de mí los rayos de su justa cólera.
¡Corazón de Amor!, pongo toda mi confianza en Ti, pues todo lo temo de mi debilidad, pero todo lo espero de tu Bondad. Consume en mí todo lo que te pueda desagradar o resistir. Que tu Amor se imprima en lo más íntimo de mi corazón de tal modo que jamás pueda olvidarte ni separarme de Ti.
Te suplico por tu bondad que mi nombre esté escrito en Ti, porque toda mi felicidad es vivir y morir en calidad de esclavo Tuyo. Amén.