El Apostolado del Sagrado Corazón de Jesús para vivir en familia ha celebrado en Sevilla, del 11 al 13 de septiembre de 2026, su Encuentro Nacional de Equipos, bajo el lema “La porción más amada del Corazón de Jesús”. Un total de 105 personas, procedentes de distintas ciudades de España, Chile y México, han profundizado en la predilección de Cristo por los más necesitados y en cómo vivirla desde la familia. “La misión comienza en casa, pero nunca termina allí”, explica su director, el P. Jorge Ranninger, L.C.
El encuentro reunió a participantes de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Córdoba, Bilbao, Mallorca, Jaén, Valladolid, Santiago de Chile y Veracruz (México). Inspirado en la exhortación apostólica Dilexi te, del papa León XIV, sobre el amor hacia los más pobres, el programa combinó conferencias, testimonios, talleres, celebraciones eucarísticas y momentos de oración y adoración. Entre los ponentes había padres legionarios y también laicos que aportaron sus testimonios personales o familiares de compromiso con los demás. Entre ellos Javier y María Eugenia, del grupo de iniciadores de la familia Anawim; o Javier, de Sevilla, que dejó una brillante carrera profesional para acompañar a personas que viven en la calle. Entrevistamos al P. Jorge Ranninger, LC, director del Apostolado del Sagrado Corazón, para conocer las principales enseñanzas de estos días.
Dilexi te, la exhortación del papa León XIV sobre el amor hacia los pobres, ha estado como trasfondo de este encuentro. ¿De qué manera ha iluminado la reflexión de estos días y qué claves ha ofrecido para comprender la predilección del Sagrado Corazón por los más necesitados?
Dilexi te ha sido el hilo conductor de todo el encuentro “La porción más amada del Corazón de Jesús”. A través de las meditaciones, conferencias, testimonios y momentos de oración hemos profundizado en esa convicción que recuerda el papa: el amor al Corazón de Cristo está inseparablemente unido al amor concreto a los pobres y necesitados.
Siguiendo el itinerario del buen samaritano, hemos contemplado primero la mirada compasiva de Jesús sobre quienes sufren. Después hemos descubierto las múltiples pobrezas de nuestro mundo y finalmente nos hemos preguntado cómo responder hoy, como familias y como apostolado, a la invitación del Evangelio: “Ve y haz tú lo mismo”.
¿Qué relación hay entre la devoción al Sagrado Corazón y el encuentro concreto con las personas pobres y necesitadas? En otras palabras, ¿cómo evitar que esta devoción se quede únicamente en una práctica de piedad?
La verdadera devoción al Sagrado Corazón nunca nos encierra en nosotros mismos. Quien se encuentra con el amor de Cristo descubre también su deseo de llegar a quienes más necesitan consuelo, esperanza y cercanía. “El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros” (DT 103).
Durante el encuentro hemos escuchado testimonios muy impresionantes que muestran cómo una auténtica experiencia del amor de Dios termina convirtiéndose en servicio, entrega y compromiso. El Corazón de Jesús no solo se contempla: se imita.
El P. Manuel Aromir, en una de las conferencias, atraía nuestra atención sobre la expresión usada por el papa León XIV, “atención amante” (DT 101), y que muestra la actitud que debemos imitar del Corazón de Jesús.
Este apostolado está especialmente vinculado con la familia. Por tanto, ¿cómo puede una familia vivir esa predilección del Corazón de Cristo por los pobres en su vida cotidiana? ¿Qué gestos o actitudes concretas proponen a padres e hijos?
La familia es la primera escuela del amor. Es allí donde aprendemos a acoger, compartir, perdonar y servir. Cuando una familia experimenta el amor de Dios, nace espontáneamente el deseo de llevar ese amor a otros.
Animamos a padres e hijos a vivir atentos a las necesidades de quienes les rodean, a implicarse juntos en iniciativas solidarias, a abrir espacios de servicio y a educar el corazón para reconocer en cada persona el rostro de Cristo. La misión comienza en casa, pero nunca termina allí. Como siempre ha dicho la Madre Teresa de Calcuta: “El amor comienza en casa”.
¿Hay alguna historia o experiencia compartida estos días que le haya impresionado especialmente vinculada con los más necesitados?
Han sido muchos los testimonios que nos han conmovido. Me impresionó especialmente escuchar a Javier y María Eugenia, fundadores de Anawim, cuya vida está entregada al servicio de personas en situación de gran vulnerabilidad.
También nos impactó el testimonio de Javier, de Sevilla, que dejó una brillante carrera profesional para dedicar gran parte de su tiempo a estar cerca de quienes viven en la calle. Son historias que recuerdan que el amor de Dios sigue transformando vidas y generando una auténtica cultura del encuentro.
Pero, sinceramente, también me impresionó la generosidad silenciosa de tantas familias del apostolado que colaboran cada día para sostener proyectos de ayuda y acompañamiento a quienes más lo necesitan.
Después de este encuentro, ¿qué les gustaría que cambiara en las familias participantes?
Nos gustaría que cada familia regresara con la convicción de que está llamada a ser misionera desde su propia realidad. Hemos experimentado una gran ilusión por salir al encuentro de quienes necesitan una palabra de esperanza, una amistad sincera o la cercanía de Dios.
Este año queremos impulsar especialmente una misión sencilla pero muy profunda: acercar el Corazón de Jesús a los hogares y a las periferias de nuestras ciudades. Soñamos con que familias de esas zonas se consagren al Corazón del Señor, y que no se conformen con vivir la fe para sí mismas, sino que se conviertan en testigos alegres del amor de Cristo allí donde viven.
Además, queremos seguir fortaleciendo los proyectos solidarios del apostolado, que actualmente apoyan iniciativas vinculadas al Corazón de Jesús en distintos países. Porque la devoción al Sagrado Corazón encuentra una de sus expresiones más auténticas cuando se convierte en misericordia concreta hacia quienes más lo necesitan.